¿Cómo juegan los gamers profesionales?

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El mercado de los PCs orientados a los videojuegos parece estar viviendo una segunda juventud en los últimos tiempos. Ocurre desde luego en el segmento de los portátiles gaming que ahora son casi comparables a los PCs más potentes gracias a la llegada de las NVIDIA GeForce GTX 10×0, pero es que el sector de los componentes y periféricos también está más movido que nunca.

Parte de esa fiebre por todo lo que rodea al hardware dedicado al gaming la tenemos en el éxito arrollador de los eSports, una disciplina que ha transformado ese sector, profesionalizándolo y haciendo que para muchos jugones haya opciones de que su afición se convierta también en algo con lo que ganarse la vida.

Para llegar a tal objetivo, no obstante, es necesario tener un nivel en estos juegos al que pocos pueden llegar. Es evidente que la práctica en esos juegos es la verdadera clave, pero ¿pueden mejores componentes influir en el resultado final?

Recordad que para estos profesionales el objetivo no es el de obtener la mejor experiencia visual posible, sino la que proporcione la máxima fluidez para esas sesiones de gaming en las que “más bonito no es mejor”.

Tarjeta gráfica: lo importante no es la resolución

Uno de los primeros componentes en los que uno piensa al tratar de mejorar su equipo de gaming y mejorar su propia experiencia al jugar es la tarjeta gráfica, que es la que permite que los títulos se muestren a mejores o peores resoluciones y con mejor o peor fluidez.

Aquí hay factores clave como la resolución a la que jugamos, el nivel de detalle y, claro, la tasa de fotogramas por segundo que obtenemos. Cuando aumentamos resolución y nivel detalle solemos tener como desventaja el hecho de que se reduce la tasa de FPS, algo que perjudica la fluidez durante el juego.

Algunos jugadores profesionales opinan que siempre se va a necesitar una tasa de FPS alta, mientras que el tema del detalle gráfico depende más de a qué juegos se esté jugando. En cambio, otros opinan que una gráfica potente te permite tener una calidad gráfica óptima sin que se resientan los FPS.

En algunas ocasiones, hay jugadores que deciden jugar en baja resolución. Si puedes sacrificar nivel de detalle, ganarás en FPS, algo importante precisamente ahora que hablamos de otro apartado muy relevante en este ámbito.

Monitores, ni ultrapanorámicos ni curvos

Las últimas tendencias en cuanto a monitores dedicados al gaming los separan en varias franjas en las que entran en juego características como su soporte de frecuencias elevadas, de tecnologías como AMD FreeSync o NVIDIA G-Sync o de las resoluciones y formatos (ultrapanorámicos, curvos) que han hecho que aquí los aficionados a los videojuegos en el PC tengan un amplio margen de maniobra.

Para los jugadores, la elección de un monitor debe estar completamente orientada a las altas frecuencias, sin más.

Algunos profesionales opinan que el monitor gaming que se necesita para jugar tiene que ser un monitor plano, de 24 pulgadas y de 144hz. Más de 24 pulgadas es una pantalla muy grande y cansa mucho la vista, y los 144hz son 100% necesarios para alguien que quiera dedicarse a esto profesionalmente. No hay nada que se note más que pasar de 60hz a 144hz. La diferencia es abismal.

En muchos títulos se juega a 1080p porque lo que se busca es fluidez máxima, y precisamente en ese sentido la capacidad de contar con un monitor con soporte de 144Hz marca la diferencia.

Los jugadores no consideran indispensables las tecnologías FreeSync y G-Sync, pero sí reconocen que ayudan a sacar provecho a la calidad del monitor para que la gráfica se resienta menos.

El procesador ayuda mucho, pero el overclocking está sobrevalorado

Aunque son las tarjetas gráficas las encargadas de hacer buena parte del trabajo en los juegos, el procesador sigue siendo esencial en este ámbito, sobre todo porque tener un procesador potente ayuda a obtener mayores tasas de FPS (fotogramas por segundo).

La práctica de forzar la frecuencia del procesador —algo que los fabricantes cada vez ponen más fácil— no parece muy popular, al menos entre algunos profesionales, porque ninguno de ellos mencionó que esa opción añadiera mejoras realmente relevantes. Aunque puede ser interesante para sacar más provecho del micro, también puede requerir —si queremos exprimir al máximo esa capacidad— sistemas de refrigeración especiales que aumentan el coste final del equipo.

Teclado, cuestión de gustos, pero los mecánicos se imponen

Los teclados gaming que nos venden los grandes fabricantes de periféricos en este segmento se suelen caracterizar por el uso de interruptores mecánicos (los Cherry MX en sus distintas variantes siguen siendo la referencia para muchos) y por otras características como el soporte de macros o el soporte del llamado key rollover (anti-ghosting), que permite medir cuántas pulsaciones de teclas se pueden registrar a la vez sin que la pulsación de la primera “haga desaparecer” las de las siguientes pulsaciones.

Los profesionales del gaming indican que los teclados mecánicos se notan ya que la respuesta es más rápida.

No escatiméis en el ratón

Es otro de los puntos clave para nuestras sesiones de gaming, y como en el resto de los casos se ha desarrollado toda una industria alrededor de los ratones, que ofrecen distintas resoluciones, tipos de sensores, números de botones o sistemas de pesos para adaptarlos a cada jugador de forma aún más personalizada.

En los juegos de estrategia como League of Legends, no se necesitan más de dos botones, y los pesos y resolución dependen de cada uno.

También queremos conocer la opinión de los profesionales sobre las alfombrillas, que teóricamente garantizan mejor deslizamiento y precisión para ese periférico. Algunos opinan que aportan mayor confort a la hora de mover el ratón.

La sensibilidad del ratón, factor muy personal

También relacionado con el ratón está la sensibilidad del mismo, con dispositivos que permiten un amplio rango de resoluciones que pueden resultar confusas para los usuarios.

En los FPS la gente usa menores DPI, pero todo depende de a lo que se esté acostumbrado.

No hay sensibilidad adecuada, es la que mejor se ajuste a ti y con la que más cómodo te sientas. Lo importante es que no saltes píxeles. Lo que quiero decir con esto es que, si tu sensibilidad es más alta de lo que debe ser, cuando gires de un lado a otro, el ratón va a saltarse algunos píxeles los cuales serán imposibles de apuntar, y lo importante es que no ocurra eso para que tengas la máxima precisión posible.

Auriculares: cuando uno es capaz de jugar “a ciegas”

Hay ciertos tipos de juego en los que el sonido del juego aporta mucho más que un mero acompañamiento aditivo con música o efectos. En juegos de estrategia como League of Legends los efectos de sonido pueden no ser tan relevantes, pero en FPS como ‘CSGO’, ‘Overwatch’ o ‘Battlefield 1’ uno casi puede jugar a ciegas si cuenta con unos buenos auriculares.

 

[Vía Xataka.com]

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